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Mermeladas caseras. 80 recetas que salen bien

REF.:978-84-938192-9-3
14,90€

Dispoñibilidade: Dispoñible

Details:

Se pasan muy buenos momentos escogiendo la fruta, preparando los útiles necesarios, registrando las recetas en un cuaderno, dibujando las etiquetas y guardando con gracia los botes en una estantería donde puedan apreciarse.

Información adicional

Ano 2012
Nº de páxinas 160
ISBN 978-84-938192-9-3
Autoría Durán, Núria e Roig, Montserrat
Ilustración Fotografías de Ramon Pascual

Detalles

Desde tiempos remotos, descubrir como conservar los alimentos constituyó todo un reto para el ser humano; de eso dependía poder eludir la cotidiana tarea de coger o cazar, permitiendo disfrutar en invierno de los sabrosos frutos de verano. Al parecer, la primera referencia escrita a una mermelada aparece en la Historia natural de Plinio (siglo I), donde se le dedica algo más que una línea de texto en un tratado de diecisiete tomos.
 
Hasta finales del siglo XIV no encontramos consignada la referencia siguiente, en un libro titulado Le Menagier de Paris (Traité de morale et d¿économie domestique, composé en 1393 par un bourgeois parisien) encontramos recetas de frutos como los membrillos, confitados en miel.
 
Hay que esperar al siglo XIX para la gran difusión de las mermeladas. Una burguesía en pleno auge imita el modo de alimentarse de la aristocracia, aprovechando el progreso de la agricultura, la disponibilidad de frutas buenas y del abaratamiento del azúcar, hasta entonces un producto de lujo.
 
Hoy las estanterías de cualquier supermercado están llenos de mermeladas frecuentemente atestadas de edulcorantes, conservantes y pectinas industriales, sin el aroma y la ligera textura de una confitura hecha en casa. La preparación de una buena mermelada lleva implícita una gran variedad de posibilidades, el disfrute de la creatividad y la satisfacción de poder ofrecer a los demás aquello que uno hizo con sus manos. Un bote de mermelada es un delicado obsequio para un amigo que venga visitarnos o una familia que nos invitó a cenar.
 
Se pasan muy buenos momentos escogiendo la fruta, preparando los útiles necesarios, registrando las recetas en un cuaderno, dibujando las etiquetas y guardando con gracia los botes en una estantería donde puedan apreciarse.